BITS & BEATS RAVE: DESTELLOS DE ENERGÍA

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“It is in those heady moments when everything seems to rearrange itself around you -those moments of sheer loss of control, of the Earth disappearing from below your feet- where your might find yourself entering a whole new plane of being. Such moments of change, transition and newness, at the level of the personal as well as at the level of the multitude, can be a deeply mistifying processes of desintegration for people’s lives”*

*Rave and its influence on art and culture

Texto por: Bishop

Algunas personas piensan que cuando el arte y la cultura son exhibidos en museos han levantado la tapa de su tumba. Para otros pasar por museos es meramente un trámite de reconocimiento oficial de lo que en su momento y vigencia no lo fue. Lo que es cierto es que muchos de los movimientos culturales que iniciaron en la marginalidad como subcultura demandante de otras búsquedas humanas es necesario divulgarlas y compartirlas, abrir un espacio a la distancia para el diálogo y sobre todo para revisar sus consecuencias actuales, el reconocimiento de la herencia cultural y de los factores que determinaron su fundación, las bases que cruzan el puente temporal: el legado. Y es precisamente en el análisis, el registro a través del tiempo lo que da a los movimientos socioculturales su historicidad para reconocer en aquellos fenómenos su facultad histórica y lo que hace auténtico a sus personajes, acontecimientos, símbolos, territorios, etcétera; validando su autenticidad y al mismo tiempo puede revelar sus excedentes traducidos en mitos y leyendas que obligan al abandono de los valores de origen, los cuales se diluyen en la restitución social que los asimila.

El rave es uno de esos fenómenos juveniles que en sus inicios y desarrollo construyeron un movimiento determinante para la cultura del mundo, no es otra cosa más que el resultado de la suma de otros movimientos antecesores que lo presagiaron: el Verano del Amor en San Francisco, la sicodelia de los 60, la fuerza de las salvajes reuniones de mods, fiestas rockers y la posterior rabia del punk inglés, se reconoce en el renacimiento alemán de su cultura musical electrónica, se intensificó en las celebraciones de fiesta y futbol de regiones como Rotterdam y la vida nocturna del Bocaccio, en Bélgica, tomó cuerpo para masificarse en la cultura pop de los años 90 y alcanzar por derecho propio su identidad, valores y expansión.

Nació básicamente en una atmósfera de pesimismo que se vivía en el mundo -Europa primordialmente- como consecuencia de diversos acontecimientos geopolíticos que transparentaban una decadencia humana: la reveladora caída del muro de Berlín, la disolución de la URSS, la instauración del Capitalismo global y los cambios inestables de las finanzas, la prolongación oligárquica del poder, separación de territorios y trazo de nuevas fronteras, conflictos bélicos de mediana escala amañados por la economía, huelgas obreras, etcétera. Sin embargo, era una época en que también se respiraba un ambiente de esperanza venida de la ilusión cronológica del calendario que pronto iba a cerrar un ciclo importante al concluir un milenio y comenzar otro, al mismo tiempo terminaba el siglo en el que los seres humanos alcanzaban una cumbre en el desarrollo tecnológico e internet comenzaba a esparcir su espora. La década de los 90 fue la cuenta regresiva que inyectaba esperanza, un aparente reposo para reiniciar la humanidad, y el fenómeno raver apareció con la ascendente música electrónica como soundtrack.

En sí un rave constituía una reunión de personas que más allá de juntarse a celebrar en realidad creaban un entorno autónomo para la música y la libertad, transformando el espacio/tiempo en una apoteosis. El raver era el personaje principal, dirigido por el DJ que lo convocaba a la danza y a la sublimación multitudinaria del espacio, la guía musical era el trayecto de un viaje que podía tener múltiples rutas, cruces y destinos a los que se podía llegar al mismo tiempo por diversos eretismos, la carga sensorial era el estímulo de la proyección individual que en algún momento se convertía en la colectiva logrando entonces una utopía de tal sensibilidad que evocaba a las estructuras descritas por el anarquista Hakim Bey en 1991. Al finalizar un rave comenzaba la ansiosa espera por su próxima aparición esporádica, a corto plazo terminó por convertirse en la búsqueda de cada fin de semana de un número creciente de jóvenes alrededor del mundo que veía en él la fuga, válvula de escape de la vida cotidiana.

Los ravers conquistaron un terreno cultural de grandes dimensiones, crearon valores y estilos que consolidaron los símbolos del movimiento: la ropa deportiva fue el manifiesto directo y en contra de las políticas de acceso a los clubes de aquellos años que no permitían los tenis o la mezclilla, pero al mismo tiempo creó códigos propios, bailar por horas cómodamente e instaurar un estilo en la moda que evocaba una visión al futuro, incluso la marca internacional de las tres franjas comenzó a crear diseños propios para ravers. Los “dulces” no podían faltar en la diversión, estimulantes que llegaron en un momento en que la tecnología farmacológica purificaba sustancias y las puso al alcance de miles de jóvenes que podían conectar entre sí intensificados por los beats de la música, la atmósfera raver y la inducción química, sublimar el sistema sensorial y como consecuencia convertir en un suceso irrelevante el tiempo/espacio para dar paso a la paradójica combinación de velocidad y parálisis, el alargamiento del presente.

El combo drogas/música/rave contribuyeron en la apertura de las puertas de la percepción evocadas por A. Huxley descubriendo la ruta hacia el bien y el mal, o como William Blake lo definiría: El matrimonio entre el cielo y el infierno. Los ravers desvanecieron limites políticos, sexuales, transformaron ideologías e incluso inspiraron movimientos raciales como el de Zimbabue que utilizó el tema “Everybody is free” de Rozalla (una popular cantante sudafricana) como estandarte del movimiento que buscaba romper la brecha cultural que existía entre “lo blanco y lo negro”, la canción se tocó tanto en las fiestas rave que alcanzó una enorme popularidad en los charts musicales que en ese país bautizaron a la interprete como “Queen of Rave”.

Todo comenzaba con el flyer, la antesala de lo que vendría: multicolores, monocromáticos, contrastes o plastas, tinta y mixtura con gráficos, abstracciones, geometría, relieve y hasta arquitectura milenaria o contemporánea. Tamaños, papeles y cortes distintos, plegables, posters, calcomanías que inducían a la temática de la reunión, código de vestimenta, invocación de estilos y géneros musicales, anunciaba los DJ’s como guías espirituales y las locaciones como templos para el ritual y como ofrenda la noche entera, evadía a las autoridades y a los curiosos, concertando a una especie de cita intima, multitudinaria.

Con el paso del tiempo y su divulgación en los medios la cultura raver terminó -como la mayoría de los movimientos que tienen que ver con música y jóvenes- por ser mal recibida y, debido a su complejidad, tan erróneamente comprendida que llegó a considerarse un crimen por la ilegalidad de su organización y desarrollo, previo a su satanización por la estrecha relación con las drogas sintéticas (y otras no tanto) lo que provocó el espanto de la sociedad adulta puritana y conservadora. Se crearon leyes para evitarlos y alejar a una juventud cada ves más interesada, redadas fallidas en locaciones falsas, amarillismo y notas de prensa manipuladas que lo único que lograron es hacer del rave un espacio mucho más atractivo.

Acerca de la música se pueden escribir páginas completas. En gran medida debido a la democratización de la tecnología musical que permitió que mucha gente comenzara a producir música y que florecieran diversos estilos, aparecieron nuevos géneros tras el alcance que tuvo el fenómeno en diversas partes del mundo. La manera de escuchar las estructuras musicales cambió y por consecuencia también su comprensión: ya no había prejuicio si era una máquina o un personaje quien creaba el loop eterno, se gestaba el código de apertura para la inmersión al trance y se convertía en un lienzo en el que los trazos sonoros eran las pinceladas directas estímulo sensorial. Sin embargo la figura del DJ creció tanto y tan rápido que terminó por convertirse en el monstruo que se devora asimismo, el uso de máquinas musicales obsoletas y/o descontinuadas por su baja demanda se tradujo en una etapa prolífica de producción musical que los fabricantes de equipo confundieron el crecimiento del fenómeno con una oportunidad comercial, se les olvidó fabricar para proponer y comenzaron a repetirse para vender.

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Sobre el rave se pueden contar cientos de historias. Y el Museo de Arte Contemporáneo de Amberes en Bélgica (M HKA) quiso contar la suya de manera general, revisó y realizó una investigación vasta que publicó en un libro titulado “Rave and its influence on art and culture” y con el que se dio a la tarea de montar la exhibición “Energy Flash” con algunos de los tópicos más relevantes sobre la cultura raver y mostró durante cuatro meses una diversidad de artículos icónicos sobre el nacimiento y temprano desarrollo del fenómeno. A través de revistas, periódicos, viniles/cassettes/cds, moda, una amplia explicación sobre drogas/consumo/efectos, video documentales, fotos, flyers, posters, la literatura de Hakim Bey y su teoría del TAZ o las pubicaciones de Irvine Welsh -famoso principalmente por su novela Trainspotting, sin embargo sus publicaciones Acid House o Ecstasy también alcanzaron resonancia mundial para la generación raver-, algunas sorpresas como la temprana publicación Rave (1998) de Rainald Goetz, ensayista alemán e íntimo amigo del DJ pionero Sven Väth.The Manual (How to have a number one the easy way)” (1988) de los fantásticos The KLF (The Kopyright Liberation Front) fue otra agradable sorpresa en exhibición, un dueto que apostó por la innovación creativa en la música y la relación con otras disciplinas fundamentando su realización en el sampleo. Incluso se podía leer una copia completa de la Criminal Justice and Public Order Act de 1994 que prohibía cualquier reunión mayor de 20 o más personas, celebraciones en las que la música:

“includes sounds wholly or predominantly characterised by the emission of a succession of repetitive beats […] at which amplified music is played during the night (with or without intermissions) and is such as, by reason of its loudness and duration and the time at which it is played, is likely to cause serious distress to the inhabitants of the locality”

(http://www.legislation.gov.uk/ukpga/1994/33/section/63)

Es decir, la rídicula ley que no permitía cualquier indicio de un rave.

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La exposición montó recreaciones de espacios como los darkrooms, ambientaciones llenas de humo en las que apenas cruzaba un hilo de luz y sucedían diversos acontecimientos que invocaban la libertad a máxima expresión; murales, graffitis, algunas piezas de arte y hasta las legendarias Roland TR 808 y TB 303 conformaron la museografía haciendo del recorrido en el segundo piso una máquina del tiempo que cruzó el eje raver en sus inicios desde la Gran Bretaña, Holanda, Bélgica y Alemania como los principales países en los que la juventud de aquellos años detonó la manifestación que revolucionaría distintos aconteceres sociales, demostró que la cultura es capaz de agitar la sociedad para transformarla y trascender, que obliga a la adaptación y evolución que muestra cómo se han forjado las bases y condiciones en las que se encuentra el mundo actual celebrando festivales masivos, fiestas open air y/o eventos que utilizan la música electrónica con diferentes propósitos e intereses: algunos comprometidos con la Tierra y la naturaleza, la reconexión y la realización de zonas autónomas de expresión -aunque la temporalidad ya no sea cuestión de unas horas sino de una semana o más-; otros han descubierto que es rentable y que se puede explotar el rave si se ajusta o, como describe C. Monsiváis sobre la costumbre nuestra de tropicalizar la cultura de otros, si se “hermosea” para adecuarlo a las variables sociales que permitan su consumo masivo. Dicho y descrito de otra manera: “The term EDM (Electronic Dance Music) emerged in the US in the early 2010 to describe the contemporary, more corporatised take on rave. Beyond this, it is not a helpful term”, según “A Glossary of Rave” editado por el propio M HKA.

Llena de nostalgias y emociones vibrantes “Energy Flash” recordó como cada rave fue una experiencia única, un laberinto de anécdotas, fragmentadas y memoriosas, que en conjunto describen toda una época como enormes destellos de energía que para muchos han permanecido toda nuestra vida.

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